Vivió en la bohemia parisina, triunfó en Nueva York e hizó sus performances en las capitales más importantes del mundo. Vive en Buenos Aires y su grito de “arte, arte, arte” resuena tanto en el escenario mundial como en los mercados y veredas de cualquier barrio porteño. En el día de su cumpleaños, la Secretaría de Cultura celebra a una de las figuras más importantes e influyentes del arte pop.
Marta Minujín nació el 30 de enero de 1943 en el barrio porteño de San Telmo. Dedicada inicialmente al dibujo, a partir de 1960 sucesivas becas en Francia le permitieron incursionar en el Pop Art. En 1962 realizó en Buenos Aires una exposición de colchones y botas que la alejaron definitivamente del arte tradicional, recibiendo en 1964 el premio Di Tella. Su interés por idear “ambientaciones” la llevó al happening creando circuitos de participación -de los cuales tal vez el más recordado sea “La menesunda”.
En 1966 fue becada por la Fundación Guggenheim, lo que le permitió vincularse a la vanguardia neoyorquina con la que mantendría relación en el futuro y le abriría las puertas del mundo del arte moderno en Nueva York. Sus instalaciones monumentales son famosas en Argentina y el mundo: el “Obelisco de Pan Dulce”, el “Partenón de Libros” o “La escultura de los sueños” y la “Golosina emocional”, que realizó en julio de 2024 y 2025 respectivamente, en el Palacio Libertad.
Sus muestras, 42 individuales y más de 70 colectivas, realizadas en Buenos Aires y en las más célebres ciudades del mundo le dan a la obra de Marta Minujin una proyección universal. En 1982 recibió el Premio Konex de Platino en el rubro ”Experiencias” y en 2002 otro similar de la misma Fundación en el rubro “Instalaciones y perfomances”.

Con tan solo diez años Marta Minujín tuvo la revelación de que era una artista plástica. Sus mini happenings quitando las migas de los panes para que sus compañeros de clase se sorprendan durante las meriendas fue marcando el rumbo de los que vendría después. Pasó por numerosas escuelas de arte en las que aprendió pintura, escultura, dibujo y las diversas corrientes artísticas de la historia del arte. A los 15 años mintió su edad en el registro civil y se casó con el hombre que la acompañó hasta el año 2021. Esa unión, además del amor de un compañero, le permitió su emancipación y comenzó su vida en Francia.
En 1961 ganó la beca del Fondo Nacional de las Artes y se instaló en París donde experimentó la bohemia pura. Vivió en un galpón sin baño ni calefacción pero en el que entraban muchas cajas de cartón y colchones, que se convertirían en su sello artístico. Durante 17 años se presentó a todas las becas que pudo y las ganó todas: la Di Tella Beca, la Guggenheim, la Rockefeller. Osciló entre París y Nueva York, donde el nuevo realismo, los artistas trabajando en el espacio y tiempo real, los happenings de su gran amigo en influencia Alberto Greco, la tenían desvelada. En ese mundo se dio cuenta de que tenía que desaprender lo aprendido y en 1963 realiza “La Destrucción”, su primer gran happening, en el que invitó a artistas a intervenir en sus obras realizadas hasta el momento y luego las destruyó a hachazos y fuego. “No estamos para justificar ni inclinarnos ante nada, pero sí para elegir, enloquecer, arriesgar ilimitadamente hasta encontrar la propia imagen”, decía Minujín.
Desde entonces, un sinfín de colores estridentes, colchones, gallinas, conejos, luces de neón, teléfonos, instalaciones eléctricas, imágenes psicodélicas, bastidores transpsicodélicos, performances, múltiples cabezas, música electrónica, se convirtieron en la galaxia Minujín.

Sus instalaciones “Eróticos en Technicolor” y “¡Revuélquese y viva!” (1964); “La Menesunda” (en 1965, colaboración con Rubén Santantonín); y “El Batacazo” (1965) incitaban al público a disolverse en la obra y a cuestionar sus parámetros sobre lo que podía o no ser arte. Lograr el asombro de los espectadores y su participación en cada suceso artístico fue una constante. Pionera en sus experimentaciones tecnológicas, videoarte y aporte de varias disciplinas, a cada nueva instalación o performance le agregaba mayor sofisticación, como lo demuestra su cabina telefónica “Minuphone”, que presentó en Nueva York en 1967. Si bien las nuevas tecnologías la embelecían, el contacto con la tierra, los animales y los alimentos comenzaron a estar presentes en cada acción. A “Comunicando con tierra” (1976), en la que extrajo 23 kilos de tierra de Machu Picchu y las mezcló con tierra de todas partes del mundo, le siguieron “Repollos” (presentada en San Pablo en 1977), “Toronjas” (México en 1977) y “3.000 naranjas”, bajo la idea de llevar el campo a los museos y desacralizar esos espacios de culto.

Durante los años 70 Marta Minujín se lanzó a la creación de un cuerpo de obras vinculadas a la caída de los mitos universales y nacionales. Estas ideas las materializó en dibujos sobre papel, esculturas de yeso y de bronce y proyectos de escala monumental que quedaron anclados en la memoria colectiva de los argentinos.

Esas obras, con sus variantes, también tuvieron eco en diferentes partes del mundo, y si bien su arte forma y formaron parte de colecciones del mundo como el Museo Guggenheim (Nueva York), Olympic Park (Seúl), Art Museum of the Americas (Washington DC), Museo Nacional de Bellas Artes, MALBA (Buenos Aires), Centre Pompidou (Francia), Tate de Liverpool (Inglaterra), entre tantos otros, para Marta Minujín el arte tiene que salir de los museos para que las personas puedan vivir un instante y pasar del otro lado del planeta Tierra y estar en el mundo que crean las y los artistas.
El arte en Marta es infinito y continuo. Mantiene su casa de la infancia en la calle Humberto Primo, en la ciudad de Buenos Aires, en la que montó su taller. En 2018 recreó su “Partenón de los libros prohibidos” en la 14 edición de Documenta, la exposición de arte contemporáneo más grande del mundo que se realiza cada cinco años en la ciudad alemana de Kassel. En 2019 montó la “Menesunda Reloaded”, en el New Museum de New York. En 2020, durante el aislamiento producto del COVID-19, produjo su obra plástica “Pandemia”, producto de un trabajo minucioso en que aplicó 22.600 tiras en pequeños cuadrados pintados en blanco, negro y siete tonos de gris sobre una tela . En 2021, el “Big Ben” acostado con libros políticos se impuso en Inglaterra; y la lista sigue.
Los dos últimos inviernos expuso “La escultura de los sueños” (2024) y la “Golosina emocional” (2025), en la explanada del Palacio Libertad. La primera fue una monumental escultura inflable de nueve metros de largo y dieciséis piezas con la que la artista proponía al público vivir una experiencia inmersiva y sensible. Los visitantes ingresaban en “La escultura de los sueños” y percibían los múltiples colores vibrantes y los sonidos de los pájaros que acompañan el recorrido de los sueños, en una experiencia que interpelaba los sentidos y promovía en el espectador una interacción lúdica y onírica, en la que se genera un ambiente sensitivo de ensoñación y fantasía.

Para las últimas vacaciones de invierno, Marta Minujín regresó al Palacio Libertad con “Golosina emocional”, una gigantesca escultura inflable de doce metros de largo como una propuesta inmersiva que promovía una interacción lúdica para el espectador. “Golosina emocional” fue una construcción de esculturas y ambientes recorribles en la explanada del Palacio Libertad por la que pasaron miles de visitantes durante julio de 2025.

